Un par de llamadas, muchos whatsapps ¡y por fin os habéis puesto de acuerdo! en cuál será vuestro disfraz para Carnaval. Una de las fiestas más divertidas e irreverentes que hacen que cada año nos rompamos la cabeza-con gusto, eso sí- buscando una idea original o tal vez con cierta ternura si la inspiración viene, por ejemplo, de vuestros dibujos favoritos de la infancia.

Y ahora, toca ponerse manos a la obra: rebuscar entre retales hasta dar con piezas que encajen, coger las tijeras, alfileres, aguja e hilo y ¡a convertirse en unos artistas! Llegados a este punto, hay dos tipos de personas: los que prefieren quedar con los amigos y organizar en un momento una fiesta de las manualidades: telas, refrescos, patatas Bonilla a la Vista y muchas risas hasta que el disfraz tome forma.

En segundo lugar, están los que se guardan el secreto y no cuentan nada. Siempre se respeta la temática, ¡claro! Pero a partir de ahí, la interpretación de cada uno es muy válida. Sobre todo cuando lo que se busca es despertar una sonrisa en los demás.

Cuando llega el gran día, el punto de encuentro se convierte en una auténtica alfombra roja en la que se lucen caretas, postizos, trajes y mucha creatividad. También algo de competitividad, reconozcámoslo, sobre todo cuando otro grupo ha elegido una temática similar (o te encuentras con el archienemigo del personaje que encarnas), pero siempre con el buen humor como bandera que para eso ¡Es Carnaval!